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La responsabilitat vicarial versus vicarial autoria

05/03/2019

És estrany que molts dels juristes opinadors i creadors de “doctrina” no cerquin en l’origen de les paraules, el sentit de les actuals.

Una d’aquestes paraules que estan donant tants maldecaps als juristes, especialment aquells que encaminen la seva activitat al Dret penal i més concretament a la responsabilitat penal de la persona jurídica, és el terme vicarial.

Posat així en majúscules, cal recalcar que vicarial que deriva del llatí vicarius, significa l’esclau de l’esclau, d’aquí en resulta que el terme vicarius va ésser traspassat a les llengües romàniques amb el sentit de,  substitut, delegat, fins i tot derivat.

Dit això, quan en Dret penal parlem de vicarial, ens referim a aquesta darrera definició, de substitut, delegat o derivat.

En parlem, per exemple, en la pena, com en el cas de les mesures de seguretat, que combina un sistema doble de resposta penal, i en que poden concórrer les penes conegudes de presó amb les de mesures de seguretat.

Una altra accepció de vicarial en dret penal, és la responsabilitat vicarial. En aquest sentit cal aplicar l’accepció anomenada respecte de la crítica “doctrinal” de la Sentència del Tribunal suprem nº 506/2017 de 25 d’octubre de 2018, Ponent , N’Andres Martínez Arrieta, que exposa literalment:

“Comenzamos por los últimos motivos, a partir del 12 de la impugnación, en los cuales se denuncian quebrantamientos de forma. Con relación al motivo décimo segundo, el recurrente plantea la denegación de preguntas a un testigo sin que a las mismas subsiguiera la preceptiva protesta, la cual no tiene un sentido puramente formal de necesidad de su consignación en el acta, sino el material de proporcionar al tribunal un espacio en el que replantear la denegación de la prueba propuesta en tiempo y forma, exponiendo su pertinencia y la causa tiene indefensión. En el acta del juicio oral no hay referencia ni a la consideración de la pregunta ni a la consignación de la protesta, por lo tanto esta Sala no pueda acometer un juicio de revisión sobre la procedencia de la denegación, la pertinencia de la pregunta y su relación con el objeto. En el motivo decimotercero se denuncia que la sentencia no declara los hechos probados. Sin embargo la lectura de la sentencia pone de manifiesto lo que el tribunal ha declarado probado, sin que este hecho tenga la relevancia penal que se pretende desde la acusación. Por lo tanto, hay hechos probados y no concurre la causa de nulidad. El motivo decimocuarto se queja de la incongruencia omisiva del número 3 del artículo 851 de la Ley procesal penal, motivo que se desestima en la medida en que el tribunal da respuesta a las dos calificaciones jurídicas planteadas por la acusación particular, la estafa procesal y la falsedad, dando respuesta a la pretensión de condena que es desestimada. No se trata de una desestimación implícita sino expresa sobre el contenido de la acusación.

La queja expuesta sobre la absolución de la persona jurídica no tiene el alcance que plantea. La responsabilidad penal de la persona jurídica es vicarial y, aunque no supeditada a la condena de una persona física, sin depender de su conducta. Lo que justifica que no siendo declarada probada la antijuricidad de la conducta de la persona física, la de la jurídica deba mantener la misma solución.”

Hi ha qui vol veure en aquest apunt, una contradicció amb la ja més que coneguda sentència del Tribunal Suprem nº 154/2016 de 29 de febrer de 2016, essent ponent En José Manuel Maza Martín, que establia el criteri de la autoresponsabilitat en els delictes dels que hagués de respondre una persona jurídica, en el Fonament de Dret Vuitè, que diu el següent:

“.../...

Núcleo de la responsabilidad de la persona jurídica que, como venimos diciendo, no es otro que el de la ausencia de las medidas de control adecuadas para la evitación de la comisión de delitos, que evidencien una voluntad seria de reforzar la virtualidad de la norma, independientemente de aquellos requisitos, más concretados legalmente en forma de las denominadas "compliances" o "modelos de cumplimiento" , exigidos para la aplicación de la eximente que, además, ciertas personas jurídicas, por su pequeño tamaño o menor capacidad económica, no pudieran cumplidamente implementar.

No en vano se advierte cómo la recientísima Circular de la Fiscalía General del Estado 1/2016, de 22 de Enero, al margen de otras consideraciones cuestionables, hace repetida y expresa mención a la "cultura ética empresarial" o "cultura corporativa de respeto a la Ley" (pág. 39), "cultura de cumplimiento" (pág. 63), etc., informadoras de los mecanismos de prevención de la comisión de delitos en su seno, como dato determinante a la hora de establecer la responsabilidad penal de la persona jurídica, independientemente incluso del cumplimiento estricto de los requisitos previstos en el Código Penal de cara a la existencia de la causa de exención de la responsabilidad a la que alude el apartado 2 del actual artículo 31 bis CP .

Y si bien es cierto que, en la práctica, será la propia persona jurídica la que apoye su defensa en la acreditación de la real existencia de modelos de prevención adecuados, reveladores de la referida "cultura de cumplimiento" que la norma penal persigue, lo que no puede sostenerse es que esa actuación pese, como obligación ineludible, sobre la sometida al procedimiento penal, ya que ello equivaldría a que, en el caso de la persona jurídica no rijan los principios básicos de nuestro sistema de enjuiciamiento penal, tales como el de la exclusión de una responsabilidad objetiva o automática o el de la no responsabilidad por el hecho ajeno, que pondrían en claro peligro planteamientos propios de una hetero responsabilidad o responsabilidad por transferencia de tipo vicarial, a los que expresamente se refiere el mismo Legislador, en el Preámbulo de la Ley 1/2015 para rechazarlos, fijando como uno de los principales objetivos de la reforma la aclaración de este extremo.

Lo que no concebiríamos en modo alguno si de la responsabilidad de la persona física estuviéramos hablando, es decir, el hecho de que estuviera obligada a acreditar la inexistencia de los elementos de los que se deriva su responsabilidad, la ausencia del exigible deber de cuidado en el caso de las conductas imprudentes, por ejemplo, no puede lógicamente predicarse de la responsabilidad de la persona jurídica, una vez que nuestro Legislador ha optado por atribuir a ésta una responsabilidad de tal carácter.

Y ello al margen de las dificultades que, en la práctica del enjuiciamiento de esta clase de responsabilidades, se derivarían, caso de optar por un sistema de responsabilidad por transferencia, en aquellos supuestos, contemplados en la propia norma con una clara vocación de atribuir a la entidad la responsabilidad por el hecho propio, en los que puede declararse su responsabilidad con independencia de que "...la concreta persona física responsable no haya sido individualizada o no haya sido posible dirigir el procedimiento contra ella" ( art. 31 ter 1 CP ) y, por supuesto, considerando semejante responsabilidad con absoluta incomunicación respecto de la existencia de circunstancias que afecten a la culpabilidad o agraven la responsabilidad de la persona física, que no excluirán ni modificarán en ningún caso la responsabilidad penal de la organización ( art. 31 ter 2 CP ).

El hecho de que la mera acreditación de la existencia de un hecho descrito como delito, sin poder constatar su autoría o, en el caso de la concurrencia de una eximente psíquica, sin que tan siquiera pudiera calificarse propiamente como delito, por falta de culpabilidad, pudiera conducir directamente a la declaración de responsabilidad de la persona jurídica, nos abocaría a un régimen penal de responsabilidad objetiva que, en nuestro sistema, no tiene cabida.

…/…”

Cal concloure, doncs, que ni la postura del TS ha variat en absolut, ni ho ha fet la interpretació literal de  l’art. 31 bis CP, i per tant en cap cas, en cap, existeix, La responsabilitat penal objectiva en el sistema penal espanyol, tot i que, de la lectura d’alguns autors, sembla que hi ha qui vol veure el contrari.

“Article 31 bis

 1. En els supòsits que preveu aquest Codi, les persones jurídiques són penalment responsables dels delictes comesos en nom o per compte d’aquestes, i en profit seu, pels seus representants legals i administradors de fet o de dret. En els mateixos supòsits, les persones jurídiques també són penalment responsables dels delictes comesos, en l’exercici d’activitats socials i per compte i en profit d’aquestes, pels qui, estant sotmesos a l’autoritat de les persones físiques esmentades en el paràgraf anterior, han pogut realitzar els fets perquè no s’ha exercit sobre ells el degut control ateses les circumstàncies concretes del cas.

2. La responsabilitat penal de les persones jurídiques és exigible sempre que es constati la comissió d’un delicte que hagi hagut de cometre qui exerceixi els càrrecs o funcions esmentats a l’apartat anterior, encara que la concreta persona física responsable no hagi estat individualitzada o no hagi estat possible dirigir el procediment contra ella. Quan com a conseqüència dels mateixos fets s’imposi a totes dues la pena de multa, els jutges o tribunals han de modular les quanties respectives, de manera que la suma resultant no sigui desproporcionada en relació amb la gravetat d’aquells.

3. La concurrència, en les persones que materialment hagin realitzat els fets o en les que els hagin fet possibles per no haver exercit el degut control, de circumstàncies que afectin la culpabilitat de l’acusat o agreugin la seva responsabilitat, o el fet que aquestes persones hagin mort o s’hagin sostret a l’acció de la justícia, no exclou ni modifica la responsabilitat penal de les persones jurídiques, sense perjudici del que disposa l’apartat següent.

.../...”

Per tant, sense delicte no hi ha responsabilitat penal. el primer que ha de concórrer per tal d’activar la responsabilitat de la persona jurídica, és un delicte, i, a més a més, no cal oblidar que l’ha de beneficiar directa o indirectament, i finalment aquest ha de ser comés per  part dels representants de la persona jurídica o d’aquells sotmesos a la seva autoritat. És llavors, quan, si aquests han pogut realitzar el delicte per manca de control, que naixerà aquesta responsabilitat. fins i tot cal remarcar que pot  ésser responsable la persona jurídica si el delicte és comés per algú que exerceix càrrecs, però no s’ha pogut individualitzar o no s’ha pogut dirigir el procediment conta ella.

D’aquí deriva el títol de l’article, no es tracta d’una vicarial responsabilitat, sinó que la persona jurídica respon penalment, per una vicarial autoria, sempre ha d’haver una conducta antijurídica, un delicte, comès evidentment per una persona física, aquest és el punt activador de la responsabilitat de la persona jurídica. Descartat el delicte o la conducta antijurídica, com succeeix en el cas de la sentència de referència d’octubre de 2018, no s’activa, ni pot haver-hi, en cap cas, responsabilitat de la persona jurídica, és tant senzill com això, cercar el què no diu la sentència per crear controvèrsia, només pot generar dubtes a mals lectors o a professionals que no tinguin clars els principis bàsics del dret penal.

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